En 2011 nuestro fundador llegó a Nueva York como todavía llegan la mayoría de empresas europeas: sin contactos, sin red y sin una idea real de cómo funcionaban las cosas aquí.
Todavía conserva la hoja de Excel. 250 solicitudes de empleo, una fila por cada una.
Esa fue la primera lección: la perseverancia. Estados Unidos premia a quien sigue presentándose mucho después de que pareciera razonable parar. Cada empresa con la que trabajamos pasa por su propia versión de esa hoja de cálculo.
La segunda lección llegó en un evento informal. Conoció a alguien que buscaba un perfil como el suyo, y esa conversación le abrió la puerta a su puesto en Banco Santander. En Estados Unidos, las puertas que importan suelen abrirse en persona, en salas donde no esperas encontrar lo que buscas.